La Habana, una joya real y maravillosa a sus 499 años

La Habana, una joya real y maravillosa a sus 499 años

Entre las ciudades más antiguas del mundo no está La Habana, pero sí es de las añosas de América. De lo que se puede estar seguro es que resulta una de las más encantadoras urbes que pueden visitarse, con su mezcla de arquitecturas, su gente y su cultura.

No fue casualidad que en 2016 la escogieran como una de las siete ciudades maravillas del planeta, porque se mantiene como un espacio cosmopolita, origen y destino de las tradiciones más genuinas de los cubanos. Por eso todo el país celebra el 16 de noviembre el cumpleños 499 de la capital, que ya se prepara para festejar en grande el medio milenio al que arribará en 2019.

La Habana, al pie de la ceiba

La antigua villa antes se llamó San Cristóbal de La Habana y fue fundada por los españoles en 1515, primero en la costa sur de Cuba. Sin embargo, es el 16 de noviembre de 1519 que sus habitantes originarios se asientan definitivamente en su localización actual.

Hay un hermosísimo monumento en el centro histórico actual, declarado Patrimonio de la Humanidad desde 1982, que es imprescindible en una visita para quienes aman esa luminosa ciudad. Hablo de El Templete, edificación neoclásica erigida al costado de la Plaza de Armas, en el lugar donde se realizó la primera misa y el primer cabildo de La Habana.

El nacimiento de la urbe fue allí, a la sombra de una ceiba, y cada aniversario hasta el lugar peregrinan cientos de habaneros para celebrar la dicha de vivir en la urbe “real y maravillosa”, como se le dice parafraseando al escritor Alejo Carpentier, ganador del Cervantes y quien la bautizó también como “la ciudad de las columnas”.

En El Templete se conservan enormes pinturas al óleo que narran los hechos fundacionales. En el patio se levanta una ceiba conmemorativa y la tradición manda que hay que dar tres vueltas al árbol, arrojar unas monedas al aire y pedir buenos deseos para sus familias y su ciudad. Quizás el santo patrono los conceda…

La Habana, una dama hermosa y patrimonial

Los habaneros son cubanos orgullosos de vivir en la capital, y los habitantes del interior del país adoran visitarla. Para saber por qué hay que caminarla y conocer esa dama de 499 años, increíblemente hermosa en las partes restauradas por la Oficina del Historiador de La Habana, e igualmente fascinante y enigmática en los sitios menos favorecidos por la reanimación constructiva.

Como el "Caballero de París", personaje popular que hoy tiene una escultura de bronce en la Plaza de San Francisco, hay de desandar la ciudad, sin plan estricto y dejándose sorprender por la agitada vida urbana.

Asombra el Paseo del Prado, con sus árboles frondosos, sus leones de bronce, símbolos de la ciudad, y las bellas construcciones que lo rodean. Ni siquiera la casa de modas Chanel resistió su encanto, y se llevó hasta allí un desfile en 2017.

La Plaza de la Catedral y la Plaza Vieja están rodeadas por antiguas mansiones coloniales que se han convertido en museos, galerías de arte y bibliotecas, y se mantienen en excelente estado arquitectónico. En estos sitios la cultura y el patrimonio conviven con algunos de los mejores y más alegres bares del Caribe, donde se puede escuchar la música tradicional de la Isla, llena de sensualidad, picardía y ritmos contagiosos.

También el perímetro de la Avenida del Puerto es muy interesante, con sus numerosas iglesias y su comunión con la bahía; o la moderna calle 23 con sus altos edificios, tiendas y cines; o el Malecón, punto de encuentros entre amigos y amantes a la vista de atardeceres increíbles. Pero el tesoro más grande de La Habana es su gente, comunicativa y alegre como pocas, capaz de sonreírle a cualquier adversidad.

Hacia el medio milenio de nuestra joya y orgullo

El aniversario 499 ha sido un impulso para esperar a lo grande el medio milenio de la que fue la villa de San Cristóbal de La Habana, orgullo de toda Cuba. El año próximo habrá, según se ha anunciado, grandes conciertos de música cubana y la inauguración de obras arquitectónicas símbolos de la ciudad, como el Gran Mercado de Cuatro Caminos, la hermosa Estación Central de Ferrocarriles, una construcción Art Deco gigantesca, y el emblemático faro del Castillo del Morro, antaño guía de los marineros y hoy cómplice de los enamorados que se sientan en el Malecón.

Los habaneros se afanan en embellecer la ciudad para que todo el que la visite no pueda olvidarla jamás. No será difícil, porque la urbe siempre ha ejercido una fascinación por los viajeros de todo el mundo, como una hipnótica joya pendiendo sobre el Caribe.

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